jesse martin

COVID-19: el futuro del trabajo y el futuro del aprendizaje

El futuro del trabajo ha cambiado. Se ha acelerado el paso hacia una nueva forma de vivir asistida por la tecnología, y mucho.

El COVID-19 no va a desaparecer cuando se aplane la curva, las matemáticas indican que solamente un 7% de la población ha pasado el virus, y eso significa que las alteraciones producidas por esta micro-alteración no se están acabando.

El futuro del trabajo y de la formación ya ha cambiado, la gente ha entendido que hay otras formas de vivir, algunas buenas y otras no, pero a partir de ahora no serán las mismas.

Se ha estimado que millones de dólares se han perdido a causa de la crisis producida por el COVID-19. Los gobiernos están haciendo malabarismos para mitigar los efectos, y los trabajadores tienen miedo de volver a sus puestos de trabajo frente a la incertidumbre. Es probable que se produzca una segunda ola, y no sabemos qué nos depara el futuro.

 

Sin embargo, una de las cosas que sí tengo clara es que si en sistema mundial hubiera estado más automatizado, muchos de los negocios no hubieran estado forzados a cerrar. Un ejemplo es el supermercado online Ocado.

 

Algunos se mofan de que se defienda el hecho que la la gente le gusta salir a comprar. Hay que tener en cuenta que se ha producido un cambio de mentalidad en los últimos cuatro meses, que se va a consolidar mientras luchemos contra micro-alteración – si tenemos en cuenta las predicciones sobre la existencia de una vacuna por los científicos, y no por profetas movidos por su intuición.

 

La gente sigue saliendo a comprar, pero la experiencia es diferente. No es la experiencia neutra o positiva de las Navidades pasadas. Se ha convertido en una experiencia de reflexión, llena de “y si”, y de demasiada incertidumbre para volver a la normalidad.

 

Las oficinas abiertas son motivo de preocupación, pues puede que en alguna de sus múltiples mutaciones el virus se pueda transmitir por el aire. La seguridad personal y de la familia motivan este cambio. Cada personal racional y que ha podido aislarse lo ha hecho, no queremos ponernos en riesgo como lo hace un cajero en el supermercado. De hecho, con la insistencia para la reactivación económica son muchos los que no quieren volver a trabajar en las mismas condiciones.

 

Frente a las pérdidas millonarias de los últimos tres meses, los gigantes de la economía están buscando opciones de automatización. Se están realizando planes de negocio para una transición digital a marchas forzadas, que ya no van a frenar.

 

Aunque haya muchos que anuncien que la digitalización va a suponer una mayor cantidad de puestos de trabajo, la investigación apunta que va a suponer una gran alteración, devastadora como un tsunami. Acemoglu, LeLarge y Restrepo (2020) pintan un escenario futuro que va proveer numerosos puestos de trabajo para las primeras empresas que se digitalicen. Van a tener más negocio, por los bajos precios de producción que va a suponer la automatización.Si bien se va a necesitar menos mano de obra para hacer el producto físico, se va a necesitar más capital humano para dar apoyo a otros aspectos del negocio, como son el marketing o el transporte, entre otros., puesto que la demanda va a subir considerablemente por razón de los bajos precios.

 

El problema está en que no hay una segunda posición. Estamos en el mundo de “va todo al ganador”. La competencia que no se haya adaptado a la automatización, va a desaparecer junto con todos los puestos de trabajo que genera. El resultado será que aquél que se haya automatizado primero va tener más demanda de capital humano, mientras que el que se haya automatizado demasiado tarde va a ser un barco tocado. Ello resultará en una pérdida de puestos de trabajo en sectores determinados.

 

Los estudios más optimistas calculan que el número de trabajadores desplazados por la digitalización van a ser aproximadamente de 46 a 70 millones en los próximos 15 años. Sin embargo la visión menos optimista, pero más realista aproxima un desplazamiento de 900 a 1500 millones de trabajadores en los próximos 15 años.

 

Teniendo en cuenta esta coyuntura ¿Quiénes van a ser los que van a trabajar? En mi opinión van a existir 6 categorías:

 

  • Trabajadores con sueldos bajos, no pertenecientes a altos cargos que trabajen en condiciones precarias debido a la poca oferta de trabajo en su sector.
  • Propietarios de negocios con experiencia que van a observar una mayor competitividad debido a una gran cantidad de trabajadores con cada vez menos trabajo que ofrecer.
  • Trabajadores con soft skills y don de gentes que seguirán teniendo un rol vital en el mundo automatizado.
  • Profesionales con personas a cargo que provocan una gran demanda (mayoritariamente personal sanitario) pero que ven recortada la oferta de trabajo artificialmente por estrictas cuotas de capacitación..
  • Trabajadores intelectuales que han desarrollado facilitadores cognitivos abstractos adecuados para todos los contextos y situaciones, a años luz de la Inteligencia Artificial.
  • Talentosos trabajadores intelectuales que hayan desarrollado soft skills, que van a escalar hasta posiciones de liderazgo en un contexto digitalizado.

 

Cada uno vamos a tener que elegir en qué categoría queremos encajar y prepararnos para ello.

 

Lamentablemente las dos últimas categorías mencionadas dependen de una formación que prácticamente se ha extinguido. Los facilitadores cognitivos abstractos han desaparecido de la educación superior, pese a que las universidades lo nieguen. Las habilidades de pensamiento abstracto que se dan por supuestas en los graduados universitarios no lo son y se han estado etiquetando erróneamente durante siglos. El análisis crítico no se enseña debidamente y no corresponde a una habilidad abstracta.

 

Los estudiantes que siguen una formación brillante de posgrado, desarrollan dichas habilidades cognitivas abstractas. El problema reside en cómo transferir dichas habilidades. Las habilidades aprendidas en un contexto determinado es difícil que se transfieran a otros contextos sin un esfuerzo consciente, algo que rara vez ocurre en el mundo de la academia.

 

Con una formación brillante me refiero a contenidos que no se encuentran en más de 90% de los programas de Máster hechos presencialmente y con una focalización en buscar la respuesta “correcta”. Investigar las respuestas correctas y repetirlas ante un profesor no es pensamiento abstracto.

 

La transformación que estamos viendo es una de las más importantes que va a ver la sociedad, comparable con el uso de armas de fuego en las guerras, la mecanización de la agricultura, la industrialización, o la electrónica. La transformación actual se ha impuesto ante nosotros más rápido que cualquiera de las anteriores, y aún más rápidamente con la crisis del COVID-19. ¿Cuánto dinero podrían haber ganado las empresas que no han repartido online sus bienes en estos últimos meses? La automatización está adquiriendo un nuevo significado.

 

No creo que pueda haber una exagerada oferta de profesionales con pensamiento cognitivo abstracto. La época de la Iluminación y sus avances tuvo lugar gracias a mentes con pensamiento cognitivo abstracto. Necesitamos personas con estas habilidades disponibles para trabajar en cualquier contexto que puedan iluminarnos en tiempos de tanta incertidumbre.

 

Necesitamos mentes que piensen como conducir a la sociedad para que en este nuevo contexto cada persona pueda tener objetivos y encajar. ¿Cómo será esta sociedad? Nadie lo sabe. Necesitamos recuperar en nuestra sociedad la creatividad que impulsó cambios en el pasado. Nuestra creatividad no puede desarrollarse en un sistema de educación básica, secundaria y superior basado en memorizar lo que ya sabemos y repetírselo a un docente. Necesitamos buscar respuestas a preguntas que no nos hemos formulado aún.

 

Lo más alarmante es que podríamos estar enseñando estas habilidades hoy en día, y que de hecho no son difíciles de aprender. De todas formas, en palabras de un asesor de un ministro de educación de un país del tercer mundo en una cena privada: “No nos interesa tener masa de gente con este pensamiento. Son más difíciles de controlar y de manipular, y hacen preguntas que no queremos que se formulen”.

 

Tenemos las herramientas, la motivación y la capacidad de liderar una transformación hacia un futuro brillante, pero tendremos que ver si lo hacemos o no.

 

Fuente: Covid 19: the future of work and the future of learning. Dr. Jesse Martin. Socelor.

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