E-learning internético, crítico y sintópico

En defensa de la destreza informacional y el pensamiento crítico

Asumiendo el riesgo de decir las cosas rápidamente, el conocimiento viene de la información y esta se halla en gran medida en Internet. Cabrán reparos y matices, pero a menudo nos vemos, sí, buscando información en la Red para convertirla en conocimiento que aplicaremos: algo bastante típico para casi todos los trabajadores de la economía del saber y el innovar. Contamos con potentes cursos interactivos y multimedia para necesidades comunes, pero a menudo surgen necesidades específicas y urgentes, que el individuo ha de encarar con solvencia en Internet.

No se trata sólo de información logística u operativa; también de información técnica o científica de los diferentes campos, diríase que cada vez más solapados unos con otros.

Sí, más que simplemente navegar, a menudo indagamos por Internet: hacemos aprendizaje internético. La Red constituye desde hace tiempo una gran plataforma de información de la que podemos extraer conocimiento aplicable en nuestro desempeño profesional, y aun saberes útiles, valiosos, en diferentes ámbitos de la vida; constituye un recurso de alto interés, en suma, para nutrir nuestra cultura, para nuestro desarrollo como profesionales y como seres humanos.

Ya hace más de diez años se consideraba a Internet la gran plataforma de e-learning, y hoy con más motivo. Somos empero conscientes de lo desigual de la calidad de la información contenida, y hemos de tratarla con reservas, darnos al aprendizaje crítico y sintópico, contrastar la información en diferentes fuentes, tal vez cada una con particulares intereses y propósitos. Para casi todo podrá haber opiniones a favor y en contra; todo puede ser contemplado desde diferentes perspectivas; nosotros mismos, por nuestra particular mentalidad, podemos interpretar la información a nuestra manera y creer que es la correcta.

 

Parece preciso que subrayemos la necesidad del pensamiento crítico en el aprendedor, bien conscientes de la diferencia entre ser un individuo crítico (que destaca fallos, errores) y ser un pensador-aprendedor crítico (riguroso, de buscar la verdad, de evitar falsos aprendizajes). Entre otros aspectos a destacar, el aprendedor crítico:

 

  • Asume el protagonismo del aprendizaje.
  • Profundiza en los temas que aborda.
  • Presenta una actitud abierta y exploratoria.
  • Denota buen juicio al evaluar la información a que accede.
  • Contrasta la información, antes de traducirla a conocimiento.
  • Lentifica y asegura inferencias y conclusiones.

 

Y digamos ya, también, que hemos de ser muy hábiles en el manejo de la información cuando vamos buscando algo. ¿Distinguimos bien entre destreza “informativa”, “informática” e “informacional”? ¿Identificamos bien una información “destrozada” que, por ambigüa, desnortada o falta de claridad, habríamos de desestimar, incluso aunque aborde el tema que nos interesa? No resulta baladí la reflexión, porque una destacada editorial española sustituyó “habilidad informacional” por “habilidad informativa” en un libro mío sin avisarme. Inexcusable, sí, la destreza “informacional” y a ella se dedican las universidades desde hace más de 25 años. Para nosotros consistiría, paso a paso y hasta el final, en:

 

  1. Ser bien consciente de lo que ya se sabe y de lo que se busca.
  2. Contar con soltura informática-internética.
  3. Desplegar estrategia indagadora, sagacidad y tenacidad.
  4. Filtrar contenidos hallados, mediante una cuidada inspección.
  5. Atender paralelamente a casuales (serendípicos) hallazgos de interés.
  6. Pasar a las fases analítica y sintópica (de interpretación y comparación-contraste).
  7. Sintetizar-consolidar debidamente la respuesta que buscábamos.
  8. Establecer oportunas y enriquecedoras conexiones.
  9. Generar acertadas inferencias y aun abstracciones.
  10. Quedar en situación de poder aplicar debidamente el conocimiento adquirido.

Hemos de detenernos (paso nº 6) en la fase analítica y la sintópica, porque no cabe dar por bueno o seguro todo aquello con que topamos. Podemos ciertamente llegar a situaciones que nos generen dudas, desconcierto; situaciones diversas como, por ejemplo, las siguientes:

 

  • Fuente-autor escondido, anónimo.
  • Ausencia de propósito práctico, de foco, en el discurso.
  • Mensajes confusos, ambiguos, imprecisos.
  • Datos equivocados o engañosos.
  • Falta de empatía cognitiva y emocional del texto.
  • Adulteración de conceptos.
  • Despliegue de inferencias cuestionables, discutibles.
  • Punto de vista sesgado, particular, de la fuente-autor.
  • Intención manipuladora o comercial.
  • Redacción torpe, tosca, descuidada.
  • Argumentaciones débiles, falaces.
  • Incongruencias en diferentes fuentes.

 

Pero también cabría insistir en el paso nº 5. La búsqueda de una respuesta concreta y sólida a una necesidad surgida no debería estrechar nuestras miras. Podemos en verdad dar con informaciones valiosas, aunque no respondan a la necesidad del momento, y conviene guardarlas. El aprendedor experto asentirá ante esta recomendación, tanto si piensa en posibles necesidades futuras, como por el mero placer de aprender en modo autotélico, es decir, para saber, vaya a aplicarse o no.

 

Cada aprendedor tendrá experiencias propias a lo largo y ancho de su vida, pero uno confiesa haber aprendido durante mucho tiempo (en el colegio y la universidad) en modo exotélico: para aprobar la asignatura y poco más. Acaso se materializaba el efecto Zeigarnik, y uno daba por concluida la tarea después del examen superado. Distinto es, sí, el caso en el aprendizaje permanente durante la trayectoria profesional, que es el caso que nos ha ocupado.

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