Docencia Online, una cuestión de supervivencia

La gran pregunta es: ¿Debe copiarse el contenido exacto que se impartía de forma presencial o se requiere otro tipo de enfoque para lograr los mismos resultados y -por qué no- mejorarlos?

Fuente: Pixabay

 

Según el Diccionario de la Real Academia Española, el concepto sobrevivir, implica vivir después de la muerte, o vivir con escasos medios o en condiciones adversas.

Y es que, en eso se ha convertido hoy en día la educación, un acto de supervivencia tanto para los que la imparten como para los que participan de ella. Situación, además, que es muy probable que se mantenga por un rato más.

Reescribiendo el método: transformando paradigmas

Hace unos pocos meses encontrábamos a docentes impartiendo clases presenciales y exigían a sus estudiantes guardar y apagar sus dispositivos electrónicos para no interrumpir el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin saber que, en breve, ese cruel villano llamado “tecnología” iba a convertirse en su principal aliado para la impartición de la docencia, sin poner en peligro la salud de sus alumnos y de ellos mismos.

En ese contexto, y hasta ese momento, todo parecía simple: ¡Eduquemos a través de la tecnología! ¡Hagamos clases virtuales! Y así se hizo, pero sin prever algo que a simple vista pudiera parecer obvio, pero que no lo es: la imposibilidad, repito, imposibilidad, de replicar de forma exacta la magistralidad de la docencia a una plataforma online.

Esta imposibilidad denota varias razones, siendo una de ellas la relacionada con un aspecto más humano que metodológico e instrumental: la presencialidad implica una emocionalidad y respuesta de atención diferente al feedback obtenido frente a un computador.

Sincronicidad

En el contexto de la educación sincrónica, los diferentes actores van a posicionarse en función de las siguientes hipótesis:

  • El alumno: que pierde interés al entender que es una persona virtual la que está impartiendo la docencia, a través de una pantalla virtual dentro de una comunidad virtual de aprendizaje, donde el resto de sus compañeros son también virtuales. Esta virtualidad, además de hacerle perder el interés al no presentar estrategia y didáctica, le hace “creer” que la responsabilidad en cuanto a sus asignaciones y proceder es también virtual.
  • El profesor: que ha perdido el “control” de su clase al impartir la docencia en un ambiente (virtual) que es relativamente -o del todo- desconocido para él, y a la vez completamente dominado por su clase.
  • Los padres: de los que, por lo general, muy poco se habla (al menos en el plano de la escolaridad) y que también se han visto notablemente afectados, ya que además de tener que adaptarse ellos mismos al home office o teletrabajo, tuvieron que ingeniárselas para dar respuesta a la cantidad exorbitante de asignaciones por parte del docente.

Al docente, su entorno inmediato tiende a reducirle la magnitud del problema que encara al plantearle de forma simplista la solución: “Pero tranquilo, haz tu clase por Zoom”. Ante esa sugerencia, se le saltan varias interrogantes no menores: ¿Qué es Zoom (u otra herramienta de videoconferencia)? ¿Cómo se instala? ¿Cómo se usa?

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En el caso de la educación asincrónica ocurre exactamente lo mismo: intentar reducir la problemática con comentarios como: “Pero si es fácil. Instala un LMS y cargas (o creas en el peor de los casos) los contenidos y listo”. Pero, ¿qué es un LMS (Learning Management System o Sistema de Gestión del Aprendizaje)? ¿Cómo se instala? ¿Cómo se usa? ¿De qué forma se cargan o peor aún, cómo se crean los contenidos?

Estas preguntas han tenido que ser respondidas por los propios docentes de forma autodidacta, sin ningún tipo de orientación ni formación al respecto. Incluso, hay quienes ni siquiera han querido hacérselas.

Diseño instruccional

Además de la falta de conocimiento sobre el aspecto tecnológico como mecanismo canalizador de la docencia, existe una complejidad mayor: la falta de una estrategia metodológica que permita enlazar la tecnología con el conocimiento, y que en este caso sería el diseño instruccional.

El diseño instruccional es el proceso sistemático y planificado en el cual se produce el material educativo, según las necesidades de los estudiantes y los enfoques que tengan las distintas asignaturas. El mismo se utiliza en la planificación de las unidades de aprendizaje, otorgándoles enfoques, contexto, contenidos y una estrategia acorde con el perfil de los estudiantes.

Es el diseño instruccional, independientemente de la herramienta tecnológica utilizada, el que va a garantizar que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea efectivo. De esta manera, la relación profesor-alumno, alumno-profesor y alumno-alumno será dinámica, eficiente y significativa.

La digitalización de la educación: una oportunidad

El panorama negro antes descrito de a poco se va volviendo grisáceo, pero no a la velocidad que nos exigen nuestros tiempos. Mientras nuestros docentes no cuenten con las herramientas tecnológicas, metodológicas y formativas para enfrentar el sin fin de interrogantes y necesidades del contexto educacional actual, seguirán existiendo tantas plataformas digitales como estudiantes inconclusamente formados, además de docentes reorientando su carrera profesional, es decir, todos viviendo una incertidumbre pedagógica sin precedentes.

Es responsabilidad de todos, Gobiernos, empresa privada, docentes, estudiantes, padres, sociedad en general, dar respuesta inmediata a la problemática que estamos viviendo, ya que las repercusiones afectarán los ámbitos económico, político, social y cultural. Y así está sucediendo.

Si no entendemos que la docencia es el elemento transformador por excelencia, simplemente no hemos entendido nada.

El conocimiento y el aprendizaje son los mayores recursos renovables de los que dispone la humanidad para atender los desafíos e inventar alternativas. Además, la educación no solo responde a un mundo cambiante, sino que transforma el mundo (Unesco, 2020. Los futuros de la educación). Seamos parte de esta transformación que ya estamos viviendo.

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